martes, 24 de enero de 2012

pequeño el mundo

PEQUEÑO EL MUNDO
(A Ana María)


¿Te quedó pequeño el mundo?...

Bastaba posar sobre tus ojos mi alma
para ver cómo avanzabas...
y te consumías, consumiéndote,
saltando de a puñados las semanas.

¿Te faltó tiempo mi pequeña?
¿Te falto el aliento?
¿Te falto acaso un motivo... un solo
 aquí estoy yo… contigo?

No lo pregunto más, lo afirmo:
te quedó pequeño el mundo
y a los del mundo lo dejaste

Paraste el diálogo en el instante justo
¿sabiendo acaso que más  no habría?
¿que todo lo dicho sobraría?

... Sabia en tan corto trecho...

¡Déjanos pues los temas necios,
las tibiezas cotidianas
las acciones desdichadas. Esas
que, de niña, tus gafas empañaban;
que tus ojos perturbaban!

¡Vive ahora mi pequeña
Vive sola como sueles...
Eterna solitaria...!

Tiempo y lugar ya no te faltan
¡déjalos a nos para  pensarte!
¡Déjamelo a mí para alcanzarte!


martes, 22 de noviembre de 2011

Habla Manuel Valdéz sobre Bach...

- Dice Umberto Eco: “La creación se produce por un acto de habla y solo al nombrar las cosas a medida que las va creando les confiere Dios un estatuto ontológico”...

De todos los actos de habla el más contundente, por su amplitud y pluralidad (¿polisemia?) es el musical. Hablamos de una matriz de orden, de la materialización física de un esfuerzo matemático…

Por eso fue importante Bach. Más que cualquier Beethoven, Escher, Newton, Einstein o el mismo Jesucristo. Fue el cantor de Leipzig el verdadero artífice de nuestro tiempo. El que  brindó la prueba empírica de que todo código puede replicarse a sí mismo para llevar sus alcances a “n” cantidad de niveles.  

Fue el prestidigitador que nos legó la síntesis en la que se apoyó la modernidad; la simiente de este mundo de computadoras, tarjetas de crédito, finanzas, nanotecnología e ingeniería en el que estamos varados. Él fue el primero en atisbar los alcances de un nuevo orden…

- Sí. –Respondió Keren fríamente… -Tanto que su última fuga quedó inconclusa…

domingo, 20 de noviembre de 2011

Habla Keren sobre Bach


Bach, de nuevo Bach. El preludio y fuga en La menor BWV 904. La metáfora de esa idea indú sobre un universo oscilatorio; una sucesión de génesis en la que cada “Big bang”, cada cataclismo o destrucción no es sino principio de una nueva oportunidad, de un proceso que dictará un conjunto de leyes emergentes y engendrará un cúmulo de formas sobre las que nuevos tiempos, espacios y modos sentarán la idea de un orden entre los ignotos habitantes de otro mundo. Como sus antecesores ellos también se mostrarán proclives a hurgar su devenir y creerán tener en sus manos la explicación y manipulación del cosmos circundante.

El preludio implica la turbulencia inicial, el agotamiento de las fronteras del caldo primigenio que, tras, colapsarse redundará en numerosos ecos de esa violencia original. Tal es la fuga: un eco que jamás sonará con la misma intensidad pero que, a la vez, no dejará de ser eso: un eco.

Topándose consigo mismo

Otra vez quise escribirte una carta pero me topé conmigo...

En mi intento agoté media libreta y llené el cesto de papeles sólo para percatarme de lo imbécil que puedo llegar a ser. Aún así no he logrado exorcizar el ansia interna que me agobia y me mantiene pegado al papel y a esta taza de café, frío cada veinte minutos desde hace días. - Idiota. Me replica la voz interna que suele redimirme a ratos o hundirme otros tantos. – Te has enamorado. ¿Estás realmente para estos numeritos de adolescente?... ¿No tienes ya bastantes cuitas contigo mismo?...

            Me levanto de la mesa de trabajo (vaya un eufemismo) y me dirijo directo a la única puerta de acceso a mi verdadero “Yo”: el espejo que hace días colgué frente al retrete. 


Inseguro le pregunto:

-          ¿Qué me dices tu de esto?... ¿Tengo acaso una salida?...  ¿Puedes ofrecerme una opción emocional que trascienda lo que siento... algo que te exima de la necesidad de convivir a diario con un cursi? No, no no. No creas que soy estóico. Me aborrezco por mi sensación y no creo poder llegar a ser el último baluarte de la resistencia a la crisis actual del platonismo. Veo en mi escritura la única opción en descenso que le queda a una alma que sólo busca subir a lo indeterminado. No me queda otra más que resistir: apechugar mi embriaguez y esperar la cruda. El camino fácil no existe para mí; el romanticismo en mi alma no llegará al extremo filoso del puñal hundiéndose en mi carne.

-          Tu candor me conmueve... das... mmmm no sé bien si risa o lástima. Bueno y ¿qué es ella para ti?... Digo, a estas alturas del partido no creerás que ustedes pueden ser un solo y complejo flujo de experiencia, un "jardín de los senderos que se bifurcan"...

-        Me sigo conformando con el mito de Sísifo. Sólo deseo la piedra que me deje seguir gastando papel.

-          ¡Oh mi pobre Abelardo!... Buscas escapar del idealismo y ese espíritu romántico por la puerta falsa... La escritura sólo exacerbará aquel problema que hoy combates. Pide perdón alma condenada al sufrimiento y ruégale a tu musa porque se digne salir de ese mausoleo que tu conciencia le ha erigido y se aventure en el terreno de lo tangible...

-          No puedo arriesgarme tanto...

-          No tienes salvación.

-      Entonces, tú tampoco...

Fueron momentos en los que logré olvidarme de ti... Segundos que corrieron pronto mientras limpiaba los vidrios esparcidos al pie del escusado.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Habla Manuel a su clase:

Habla Manuel Valdés[1] a sus alumnos:

  1. Señores: ¡Superar el “Yo ante la nada” y “desde la nada”!: He aquí el principio que lleva a toda comunicación. He aquí lo que el artista ha briscado desde antes de volverse artista.- ¿Estamos hablando de algo genético no prof?... – No. Estamos hablando de algo genésico… (ojos como platos).

  1. El sentido de la vida está en la constante presencia de una ausencia y en la desconfianza sistemática de toda explicación sobre las causas y razones de la misma.

ó

  1. La vida es interesante porque en ella perseguimos algo que jamás alcanzaremos pero es soportable solo porque en cada esfuerzo que hacemos, creemos acercarnos más a aquel fin trascendental llámenlo vida eterna, riqueza, poder o la follada perfecta.

  1. - Jóvenes: A todo lo largo de la historia, el hombre solo ha podido engendrar sentido jugando a ser Dios, creando fronteras entre las evidencias empíricas que le brinda su cotidiano y las estructuras propicias para guiar su interpretación y su aprovechamiento.

La crisis de nuestro tiempo está en que la capacidad creadora del sujeto se ha reducido a patalear (y hundirse más) en el pantano de sus propias creaciones, esas que ya no sirven ni para enfrentar la evidencia ni para explicarla… son distractores, diversiones: prisiones de sentido… - Profe. ¿podría repetirlo?....

  1. Segmentar informaciones de un “todo contextual” en función de una pertinencia redunda en sentido. Procesar informaciones en función de sus sucesivas transformaciones conlleva a la memoria y, finalmente, vincular cada memoria con un conjunto de segmentaciones simultáneas deviene en conocimiento.

  1. La Epistemología”, a diferencia de “La Ciencia”, no busca abordar objetos de conocimiento sino abordar aquello que aborda a los objetos de conocimiento… ¿Y el lenguaje? – Es la última capa, la que no puede abordarse por aquellos que la han creado para –justamente- abordarse a sí mismo y a todo lo demás.

  1. Lo complejo no es sino el juego ocioso que consiste en determinar lo simple y luminoso a partir de su reverso impredecible y oscuro.

  1. Lo complejo no es sino imposibilidad para permanecer.

  1. Semánticamente lo complejo implica la imposibilidad de un equilibrio.

  1. El camino de la complejidad a la simplificación cruza, forzosamente, por la memoria.

  1. El asfaltado que asegura ese camino hacia lo más simple es la comunicación.

  1. El caos conlleva a la necesidad permanente de pavimentación, es decir, de acuerdo o adecuación de la información circundante.

  1. Culturalmente la comunicación es un atractor no extraño sino intencional.

  1. El trayecto que lleva de la complejidad hacia la simplificación está marcado por dos momentos: el de la distinción en cuanto espacio y el de la memoria en cuanto tiempo. - ¿Podríamos decir que la comunicación es, entonces, un espacio?... – Señorita Keren. Esta usted exenta…

  1. El mundo no depende de apreciaciones pero sólo puede accederse a través de éstas. La apreciación es el vínculo entre un algo conciente y otro algo invariablemente reducido.

  1. Mariposas que causan catástrofes, catástrofes que generan nuevos mundos… Todo acto o expresión que salga de nosotros traerá como consecuencia un alud de imprevisiones. Curiosamente en nuestra práctica del diario tendemos a pasar por alto lo ya expuesto, lo arrojado, lo que ha cruzado el umbral de nuestros límites y a permanecer indiferentes ante la muerte que regamos, el llanto que provocamos y  la gracia que perdemos. Todo por conservar la inercia que nos marca lo anhelado.

  1. Toda idea de orden y estabilidad resulta tranquilizante y esperanzadora. Sobre ella suelen erigirse –ya sin miedo o incertidumbre- pronósticos y prospectivas que asignan razón y sentido a los hombres. Esta idea, sin embargo, terminará por colapsarse al hallarse por completo avalada por ella misma. Su eventual colapso vendrá al cobrar conciencia de sus límites o de la posibilidad de ruptura de los mismos. Se precipitarán entonces por completo aquel orden y estabilidad que, al tener que restaurarse ya no valdrán para proyectar más nada.

  1. El orden y toda su serie de consecuencias (la distinción, la abstracción, la correlación y el pensamiento) no son sino evidencias de la ilusión del “Yo” por permanecer –tal cual- en un contexto que en algún momento sintió propio y que, ahora, parece escapársele por todos lados.


[1] Profesor apócrifo de teoría del arte que fue despedido de los claustro universitarios tras haber sido sorprendido en su despacho tomando whiskey de una ánfora riñonera. El personaje, salvadas las distancias, se inspira en el famoso Mairena de Antonio Machado.

Manuel Valdéz personaje apócrifo

El control que Manuel Valdés tenía sobre la literatura y la hemerografía en varias áreas del saber era tal que, cuando citaba, por general nadie solía replicarle. Por otro lado no estaba exento de descalabros contundentes cuando lo que proponía había sido – o peor, iba en contra de lo- ya asentado en algún un manual o legislación: los únicos tipos de documento que él siempre rechazaba.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Keren al teclado

Keren y yo habíamos salido a buscar regalos para navidad. No era para nada nuestro estilo pero teníamos que esforzarnos pues, por primera vez y después de cinco años, sus padres vendrían a visitarla. Tras mucho caminar por la calle de Preciados decidimos entrar en la Fnac, esa tienda francesa que se precia de tenerlo todo para, así, ahorrarnos algo de tiempo. Recorrimos los cuatro pisos del edificio y compramos algunas chucherías para la madre pero no hallábamos nada para el padre. Fue entonces que pasamos por la zona de instrumentos y Keren vio que, como parte de los ornatos navideños, tenían en exhibición un Bösendorfer antiguo. Un piano en el que –dijo- pudo haber tocado el mismo Brahms.

Como atraída por un hechizo se acercó al instrumento y, dejando su inseparable mochila en el piso, corrió hacia atrás el banquillo y se sentó. Permaneció absorta observando el teclado durante algunos segundos, como conjurando la historia de interpretaciones que por esas teclas había corrido, para después posar sus largos dedos sobre los dientes de ébano. No le dio tiempo de nada pues uno de los empleados del sitio se acercó y, poniéndole su mano en el hombro, le reprimió diciendo que el piano no era un juguete. Keren no dijo nada, se volvió a verlo y, sin quitarle la mirada de encima ejecutó el gran acorde en do menor de la segunda partita de Bach. El mundo pareció reaccionar ante el sonido y el bullicioso entorno se silenció. Hasta la música ambiental pareció atenuarse. Keren se volvió hacia el teclado y desarrolló el tema central en una forma en la que creo que no volverá a hacerlo jamás. La conjura había funcionado. La niña había abierto una brecha del tiempo y, al momento de entrar a la fuga nos precipitó a todos al interior. Precisa, ágil… Llena de gracia… La gente comenzó a agolparse ante el piano y el pobre sujeto que cumplía la ingrata labor de convertir un Bösendorfer en maniquí se había replegado a un costado. Keren terminó golpeando con fuerza el último acorde, metió el banquillo, tomó su mochila y vino a mí como si nada hubiera pasado. No habló del asunto en lo absoluto e, incluso, pareció indiferente ante él. –Manolo, ánda invítame un café...